Bueno queridos lectores, antes de empezar quiero dejarles en claro que aquí no hay tiernos finales felices, si buscan leerme porque desean algo de morbo antes de dormir o alguna otra razón medianamente igual de retorcida, para mi es un gusto llenar esa secreta afición, eh aquí la dosis de hoy:
Existen puertas que jamas deben ser abiertas y secretos que no deberían revelarse, tras una de esas puertas se encuentra Fausto, un hombre que, atormentado por los trágicos eventos de su pasado y presente, intenta olvidar huyendo de sus memorias al pequeño pueblo que se encuentra mas allá de Shade's Valley.
El bamboleo sin ritmo de la carreta en que viaja este joven personaje le aturde y con el aturdimiento llegan a su mente una vez mas en torrente, visiones de Sabina, su dulce esposa apuñalando a su hijo 74 veces para luego colgarse por el cuello desde la ventana, imagenes de pinturas desgarradas y cunas sangrantes, ventanas rotas y campanas q no sonaran de nuevo.
-¿Por qué desea ir a ese pueblo milord? -Pregunta un anciano con el perfil de un buitre hambriento mientras incita a los caballos a acelerar el paso. -Ahí no hay nada que pueda albergar vida o paz en un firme cristiano.
-Esa es mi razón exactamente.
Al final llegaron a su destino, ominosa y rodeada de arboles muertos se encontraba la casa donde el creció.
Más tardó este hombre en abrir el enrejado que en penetrar en el mundo independiente que este hogar representa para cualquier ermitaño.
La noche cubría la tierra con su abrigador manto de sombras mientras Fausto quemaba un cigarrillo entre sus labios, con la mirada nublada por el efecto de el alcohol. El universo se movía, irrespetuoso de las leyes de la física mientras el escozor del cigarro al caer en el brazo lo hacia reaccionar dolorosa y abruptamente. Los viejos volumen de antiguos y prohibidos saberes lucían ahora indómitos y atractivos, aplastantes y poderosos, demandando ser usados, rogando se deje salir el poder entre sus paginas amarillentas.
-Solo deseo olvidar... -Dice Fausto entre lágrimas, arrojando al fuego su copa, iluminando por un minuto la habitación mientras las flamas consumía el alcohol.
El silencio insolente fue resquebrajado por un sonido totalmente antinatural, una mezcla entre un aullido y un lamento, burlona, indecentemente se podía entender el claro lenguaje que usaba, cada palabra era clara para un hombre sin esperanza:
-Usanos y seras libre... Deseanos, ruega por nosotros, los muertos que solo soñamos, esperando...
Como un autómata Fausto se trataba de levantar del sillón de respaldo alto en el que se encontraba, mientras a sus pies caía un pesado volumen. Fausto se encuentra atemorizado por la encuadernación en piel humana y el hecho de que ese libro no forma parte de su biblioteca personal, lo recoje temblorosamente y grita desgarrando sus frágiles cuerdas vocales. Al tacto, la piel de la mano de Fasto comenzó a quemarse desde adentro. El dolor es insoportable, solo superado por el desagradable aroma de piel quemada mientras un impulso sacrílego, casi eléctrico recorre cada fibra del frágil cuerpo de Fausto quien antes de desplomarse, aparentemente muerto alcanzo a ver una extraña cicatriz en su palma izquierda, un espiral con un ojo en la punta inferior.
Un hombre cae, muerto en vida y deseando morir, presa de fuerzas que ningún hombre debería siquiera sospechar que existen. Solo la locura lo mantendrá cuerdo...